Filosofía mística - Kim Pérez

domingo, diciembre 30, 2007

Los sufíes

Después de ver un documental sobre los ceremoniosos derviches turcos y sobre la espléndida, acelerada, jubilosa y rompedora música sufí del Pakistán y la India, en mezquitas adornadas como ferias, en donde entran musulmanes, hindúes o cristianos sin que cuenten sus diferencias.


El amor es el que busca el Absoluto, la Perfección.

Todos los amantes lo saben.

Conceptualmnte, el Absoluto sólo puede ser uno y la Perfección también, porque en eso estaría el Absoluto y la Perfección.

Por tanto, una vez que se encuentren se habrá encontrado la unidad o la coherencia y el sentido de la existencia humana.

Como, por lógica, la vida debe tener unidad y sentido, para no romperse ni disgregarse, el Absoluto y la Perfección deben existir y debe ser posible para el hombre encontrarlos.

Ésta es toda la Filosofía del Amor, que nace de la razón como controladora pero sobre todo de la Intuición, que es el manantial mayor del conocimiento humano.

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domingo, julio 08, 2007

Meditación I





Sé que lo que tengo que hacer es centrar mi atención en Él y procurar verlo todo dentro de Él, pero me resulta muy fácil distraerme y dispersarme.

¿Pero estoy segura?, es lo primero que me dispersa.

Sí. Racionalmente, Él ocupa el lugar de la síntesis suprema. Todo conocimiento por análisis tiende a ir luego de síntesis en síntesis, elevándose cuanto pueda.

Empíricamente, hay quienes dicen haber llegado a Él, mediante la intuición, la contemplación, la revelación. En este plano de la experiencia, Él es lo indecible, o lo que es mejor no tratar de describir. Puede decirse que son alucinaciones, pero según se le acercan, los contempladores registran fenómenos paranormales que indican que están entrando verdaderamente en otra dimensión de la realidad.

Yo sé cuándo me acerco algunos pasos a su extrema distancia: mi manera de aproximarme un poco es por medio de la belleza y del amor. Eso es lo que me hace llorar por las noches. Percibo una especie de vacío, un largo espacio desolado y al final de él está Él.

¿Puedo renunciar a esta estética, que es lo más íntimo y placentero que hay en mi vida? No.

No puedo decirle no a Kavafis, al jazz, a las imágenes de agua y de sol frías y tranquilas o alegremente vivificadas que sólo yo sé. Son mi vida. De hecho, las olvido sistemáticamente, porque son también difíciles y dolorosas, pero esto es lo que hago ahora: incorporarlas a mi vida diaria, mirándolas cara a cara.

También es verdad que yo he nacido con el deseo consciente de hallar esta síntesis, lo que convierte su pretensión en un deber personal.

Ha habido hombres y culturas enteras que, aun sintiendo su pulsión, no han podido hacerla consciente: todas las culturas politeístas y agnósticas, que se dispersan en las atenciones a mil temas.

Frente a ellas, hay hombres y culturas que se hacn conscientes de la necesidad interior de un sólo centro de atención. La más avanzada en ello, la que más fácilmente hace a todos los humanos que la siguen conscientes de ello, es la islámica, pero todas las misticas, yóguica, búdica, cristiana, conducen a una exigua minoría a lo mismo.


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